Las intermitencias de la muerte

Las intermitencias de la muerte. José Saramago
Literatura y otros demonios
Las intermitencias de la muerte. José Saramago
Las intermitencias de la muerte. José Saramago

Las intermitencias de la muerte

Llega en esta ocasión la reseña de una novela cuyo autor no necesita presentación. José Saramago, Premio Nobel de literatura en 1998, nos regala esta pequeña joya en 2005. Las intermitencias de la muerte recoge en poco más de 200 páginas una novela, un tratado de sociología y un retrato de la muerte absolutamente original. Entre el materialismo mas determinista y la angustia existencial transcurre la narración; en un país indeterminado (podría ser Portugal por algunas descripciones a excepción de una monarquía caída en 1910) y con una estructura que, a pesar de su extensión, bien podría considerarse un cuento o relato. El ejemplar utilizado para esta reseña es  la edición de Alfaguara de 2005, con una robusta encuadernación como es costumbre en esta editorial, papel de buen gramaje y tamaño de letra correcto.

La muerte. Ser o no ser

Al día siguiente no murió nadie. Toda una declaración de intenciones, sin duda alguna. Esta es la primera frase de la novela y será la última, lo cual me lleva, de manera inevitable, a recordar a Julio Cortázar. «El cuento es una esfera, es una cosa que se define rápidamente y cuya perfección está precisamente en su brevedad». Para el escritor argentino la situación narrativa debe nacer y darse dentro de la esfera. Pues bien, en mi opinión, esto es lo que logra Saramago en esta novela con alma de cuento, una esfera hermética de la que nada puede escapar cuando la muerte deja de matar de manera inopinada, poniendo en marcha una nueva sociedad donde todo parece cambiar en la superficie para que en el fondo todo siga igual; el poder, más poderoso y el miserable, más mísero.

Patas arriba o cabeza abajo

El encabezado de esta apartado define lo que el lector siente nada más comenzar a leer la novela. El caos originado por el cese de algo tan cotidiano, universal y eterno como es la muerte se ve reforzado en el texto escrito con la original forma de Saramago de puntuarlo, o de no hacerlo y el uso arbitrario y no académico de las mayúsculas. Me llama la atención en este aspecto que las referencias a Dios se produzcan en unos momentos en mayúsculas y en otros en minúsculas. He tratado de encontrarle explicación sin lograrlo. Me cuesta pensar que sea algo completamente aleatorio, de modo que en algún momento se me ha pasado por la cabeza que en sus referencias en positivo lo escribía en mayúsculas y en las negativas en minúscula, pero tampoco por ese camino he encontrado la respuesta. Así que tal vez, solo tal vez, los juegos de puntuación y ortográficos únicamente sean herramientas que refuerzan el relato. 

Intermitencias

Si en el punto anterior he manifestado mis dudas sobre la función de la original puntuación y licencias ortográficas de Saramago en la novela, respecto del título no tengo ninguna. La referencia a Julio Cortázar y la esfericidad dará al lector un sólida pista sobre la incidencia del título en la forma y fondo de la novela. Porque del mismo modo en que la muerte puede dejar de matar, puede regresar a su actividad y viceversa, y como creo que nada es gratuito (a pesar de mis dudas deíficas), el título (Las intermitencias de la muerte) tampoco lo es. Pero, ¿por qué podría la muerte dejar de matar? ¿Y volver a hacerlo? Desde la mitología griega se la representa como un esqueleto, armado con una guadaña y cubierta parcialmente con una especie de túnica, esto es, con forma humana. Por esos vericuetos avanza la novela en su segunda mitad.

Algunas conclusiones absolutamente personales

La primera es que es una novela con vocación de cuento (me gusta pensar que se le fue la mano al autor) absolutamente original y por ello, recomendable. Tema, argumento, trama y estilo digno de la creatividad de un Nobel de Literatura. La segunda es que no tengo ni idea de lo que Saramago quiere decir o transmitir ni el significado que para él tiene esta novela, por eso me encargo yo de buscárselo. Si sigues leyendo vas a encontrar una reflexión y una conclusión que podrías considerar spoiler, aunque también podrías pensar que es una absoluta majadería. La muerte está en sí misma, y por definición, muerta, y desde esa posición es desde la que tiene que interactuar con los vivos, despachándolos asépticamente cuando les toca. Si se humaniza,  se hace carne y entra así en el «circuito» humano corre el riesgo de comportarse como tal. Verse entre los vivos acarrea, entre otros, el riesgo de enamorarse y  desear lo que por definición no puede tener y perder así su esencia. ¿Para siempre? No. Solo si el amor fuese eterno podría la muerte permanecer en el mundo de los vivos y, por ende, dejar de matar para siempre. Ergo la muerte existe porque el amor no puede ser eterno, como ella sí lo es. 

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