El problema final

El problema final
Literatura y otros demonios

El problema final

Vamos con una reseña casi inevitable. El problema final.  Una esperada novedad editorial de Arturo Pérez-Reverte publicada por la Editorial Alfaguara en septiembre de 2023. En esta ocasión creo que el autor no necesita demasiada presentación. Reportero de guerra durante 21 años, articulista afilado, novelista y miembro de la RAE desde 2003 donde ocupa el sillón T. Forma parte de un club que cada vez cuenta con menos miembros; el de los intelectuales no amancebados con ningún tipo de poder político, comprometidos únicamente con ellos mismos y su verdad y defensores acérrimos de la libertad  comenzando, cómo no, por la libertad de expresión. El ejemplar utilizado para la elaboración de la presente reseña es la edición de Alfaguara de septiembre 2023, en la línea habitual de la editorial. Robusta, bien terminada y con un tamaño de letra correcto.

¿Qué es el problema final?

Una vez que el propio autor ha manifestado qué es exactamente El problema final, no voy a ser yo quien busque otra respuesta a la pregunta. Además, por qué no decirlo, estoy de acuerdo con él. El problema final es algo así como un producto elaborado a base de materiales reciclados. ¿Por qué digo esto? Porque está construido con piezas de otros productos ya existentes. No la historia en sí misma, que es original del autor, pero sí la estructura y los recursos técnicos de una novela de Misterio con mayúscula. Pérez-Reverte bebe a grandes sorbos de las fuentes, entre otras, de Simenon, Agatha Christie y Conan Doyle para construir una novela canónica de misterio a la que no le falta ningún ingrediente de los que históricamente las caracterizan.

Una muerte inesperada

Elemento básico e imprescindible. Una muerte inesperada rodeada de misterio y pistas que pueden no ser lo que parecen,  supone el primer guiño a los clásicos de las novelas de misterio (no revelaré ningún otro); el crimen en cuarto cerrado. Así comienza la novela tras los lógicos preliminares de ubicación geográfica y presentación de personajes. Todo en su lugar y a su debido momento. Digamos que la aparición del cadáver supone el cierre del primero de los tres clásicos; planteamiento, nudo y desenlace. Llega la novela a este punto a través de la fina prosa a la que nos tiene acostumbrado el autor. Casi sin darse cuenta, el lector se encuentra metido hasta las rodillas en el fino y pegajoso fango que ha ido creando Pérez-Reverte con ese fin. A pesar de estar sobre aviso de las pretensiones del autor, el lector, al menos yo, cae mansamente en la trampa.

Golpear el avispero

Llegados a este punto lo que procede y logra el autor es precisamente eso, golpear el avispero y esperar a ver la reacción de las avispas-personajes. Introducción de sospechas, pistas falsas y más guiños a los maestros del misterio llenan las páginas centrales de la novela, logrando de nuevo su objetivo. En el debe del autor, en mi opinión, dos excesos. El primero de ellos hace alusión a las referencias cinematográficas, bien llevadas y necesarias, como podrá descubrir el lector pero, como digo, un tanto sobre dosificadas. El segundo exceso, de nuevo en mi opinión, es la erudición de dos personajes en torno a la figura de Conan Doyle y de su creación, Sherlock Holmes. En algún momento parece que está uno en una emisión de Saber y Ganar. La sorpresa aumenta al comprobar que no son dos sino tres, los eruditos en tan vasta materia.

El juicio final

Llega el momento de emitir el veredicto final sobre una novela que reconozco me animé a leer y reseñar viendo la entrevista a su autor, en la que expone el proceso creativo de la misma y su deseo de escribir una novela de misterio de las de antes. En la citada entrevista dice que envió a la editorial la novela a falta del último capítulo, en el que como es lógico se resuelve el misterio, y nadie allí supo encontrar el desenlace de la misma. Tal y como Pérez-Reverte dice, la novela no es un desafío entre el asesino y el detective sino entre el autor y el lector, de modo que me puse a ello. A pesar de que en un momento dado me pasó por la cabeza un hecho que podría haberme llevado a la resolución del caso, reconozco que lo deseché y equivoqué el camino. Así que sí, usted gana señor Pérez-Reverte. Logra su objetivo en todos los aspectos, estructura, ritmo y resolución brillante, creativa y con esas gotas de genialidad que caracterizan a los clásicos del género. Un placer despedir el año con esta reseña.

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