Ulises (James Joyce)

James Joyce. Ulises
Literatura y otros demonios
James Joyce. Ulises
Ulises. James Joyce

El héroe, el viaje, la batalla y el retorno

Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en el Ulises de James Joyce es lo difícil que me ha resultado explicar a cualquiera de las personas que se han interesado por la novela durante el tiempo que me ha llevado su lectura, qué es exactamente Ulises. Se ha escrito tanto desde su publicación, hace cien años, que es de suponer que lo que yo vaya aportar ya lo haya hecho alguien antes y mejor. No obstante han sido tantas las emociones que ha despertado en mí, y no todas buenas,  que me voy a permitir el lujo de exponerlas y compartir así, a través del prisma de mi subjetividad, una visión propia de esta universal novela.

Dublín en Ulises
Mapa de Dublín incluido en la edición de Lumen

  Antes de entrar en materia, profundidades y metempsícosis variadas (a Joyce le encantaba esta palabra), me gustaría aclarar algo que yo no tenía nada claro. Para leer el Ulises de James Joyce no es preciso haber leído antes la Odisea de Homero. Ello no significa que ambas no estén íntimamente relacionadas, desde su estructura hasta la configuración de los personajes y su relación con el entorno espacio temporal. Lo están, pero para nada la ignorancia de la segunda, condiciona la lectura de la primera.

¿Qué es el Ulises de James Joyce?

Obviando la perogrullada de que el Ulises de James Joyce es una novela, la realidad es que es una obra que no se parece a nada. Al menos a nada que yo haya leído antes. También es cierto que mi  bagaje literario no es infinito y tal vez sí exista algo de parecido tenor. En cualquier caso si existe no lo conozco y eso en la práctica, lo hace igual a inexistente. En mi mente a partir del sexto, los capítulos que iba leyendo comenzaban a cobrar vida autónoma y a relacionarse entre ellos, a mezclarse, a hibridar y  a generar más vida ellos mismos tras el lector, hasta formar el complejo universo que es el Ulises de Joyce. Uno solo es plenamente consciente de la inmensidad que supone cuando ha terminado de leerlo.

Por el camino, lo reconozco, he atravesado desiertos, inmensidades que parecen llevar a ninguna parte hasta que llega el momento en el que todo cobra sentido. No ocurre de manera inmediata, más bien al revés. Muchas páginas, capítulos en ocasiones después, al volver la vista atrás comprendes que el árido páramo que tanto costó atravesar, es ahora un faro sin cuya referencia el conjunto no tendría sentido. Al igual que en ese universo al que todos nos referimos comúnmente como tal, en el Ulises hay caos, armonía, ruido, paz y un sinfín de acontecimientos aparentemente ajenos unos a otros y responsables del equilibrio último que mantiene todo el sistema en orden. 

La edición

 Para la presente reseña he utilizado la edición especial del centenario a cargo de la editorial Lumen, (ver imagen junto a James Joyce). Prologada por José María Valverde y Andreu Jaume, recoge la versión del primero de ellos, considerada la mejor en español al haber sabido conservar el virtuosismo léxico y fonético del original, Premio Nacional de Traducción en 1976. Revisada por él mismo en 1988, Lumen la presenta ahora de la mano de Andreu Jaume actualizada con toda la información aparecida en las últimas décadas. He de decir y agradecer que la presente edición, además de estar bien prologada, contiene un pequeño índice de los dieciocho capítulos con una breve reseña de cada uno de ellos, el estilo o técnica literaria empleados en el mismo así como su referencia homérica. Todo ello ha resultado de gran ayuda, sobre todo en algún capítulo donde la dificultad técnica se hace patente en grado superlativo y cuando poder volver a ese índice, convertido en una especie de manual de instrucciones, supone recibir una bocanada de aire fresco que permite continuar el camino. Por todo lo demás es una correcta edición en tapa blanda de 945 páginas, con un tamaño de letra correcto y una calidad que permite el manoseo intensivo del libro sin que ello suponga deterioro alguno más allá de las habituales señales de uso.

Entrando en materia

Bien. Una vez ubicados y sabiendo que el Ulises de Joyce es nada más y nada menos que un universo, trataré de explicar, obviamente, desde mi punto de vista de qué va el Ulises de Joyce. Antes de tratar de entender de qué va esta novela resulta imprescindible hacer hincapié en algo sin lo cual nada tendría sentido; el lenguaje y sus técnicas. Joyce hace un uso innovador del lenguaje en la novela, experimental me atrevería a decir en algunos pasajes. Inventa palabras, deja frases sin terminar para que el lector se inmiscuya sin complejos en la novela y exprime en ocasiones la semántica hasta encontrar la gota de significado exacto que necesita en cada momento. Hablar de lenguaje conduce sin vacilaciones hasta la narrativa.

Es aquí donde Joyce se desmelena por completo para llevar al lector al paroxismo, sustantivo este que se puede presentar en un sentido o en otro, positivo o negativo y ante el cual el lector está indefenso. Anotaciones exclamativas en los márgenes en el primero de los casos y referencias a la salud mental de Joyce en el segundo han sido, en mi caso, las manifestaciones clínicas consecuentes al mismo. Monólogo interior y flujo de conciencia para dar vida a los personajes y recoger sus pensamientos y emociones son llevados al extremo por Joyce, al punto de poder afirmar sin miedo que manipula la percepción de la realidad por parte  del lector de un modo que en nada desmerece de la vida real. Dicho todo lo anterior y entrando en el fondo material de la novela, creo que puedo afirmar sin complejos que Ulises es una novela IRLANDESA. Sí, con mayúsculas. Irlanda está en el centro de la novela, arriba, abajo, dentro y fuera de la narración. A través del Dublín de 1904 Joyce disecciona Irlanda. Su historia, su relación con el Imperio Británico, la moral sexual católica, el nacionalismo irlandés y la relación de todo ello con todo lo demás. Casi nada.

El héroe y el viaje

Torre Martello Sandycove
Torre Martello de Sandycove

Torres Martello, fortalezas defensivas de época napoleónica. En la imagen la de Sandycove inmortalizada en el Ulises de James Joyce por ser el punto de partida de la misma. En ella comienza el viaje del héroe, en este caso Leopold Bloom el 16 de junio de 1904. Casado con Molly y padre de un hijo fallecido a los días de nacer es un agente publicitario tranquilo y bastante anodino. Durante los dieciocho capítulos, los que abarcan desde las 08h del jueves 16 de junio hasta las 03h del viernes 17, Leopold se construye con sus pensamientos, con sus conflictos, con su lucha por encontrar un lugar en el mundo, en el universo que Joyce crea en torno suyo y también a través del espejo de Stephen Dedalus, joven inquieto y rebelde a quien Bloom asume íntimamente como a un hijo  al tiempo que se siente sobrepasado intelectualmente por él. Tras librar duras batallas existenciales, unas ganadas y otras perdidas; como no recordar el episodio de su masturbción en honor de Gerty Macdowell y sus bragas, aspecto este sobre el que en el último capítulo, que Joyce dedica en exclusiva a la adúltera Molly, aparecen cumplidas referencias el héroe regresa a casa. Un viaje con principio conocido, la Torre Martello de Sandycove y la cama mancillada de su esposa como destino final. Todo un Vía Crucis lleno de estaciones de penitencia.

La batalla

La verdadera miga del Ulises de James Joyce reside precisamente ahí, en la lucha y en el conflicto. La argamasa que da consistencia a todo el constructo narrativo del autor, como ya he comentado más arriba, es Irlanda y su realidad analizada a través de los personajes de la novela, en especial Leopold, Stephen y la propia Molly, que a pesar de no tener un papel protagonista directo salvo en el último capítulo, llena toda la novela con su presencia en segundo plano. El papel del nacionalismo irlandés, basta recordar que Irlanda no alcanza una relativa independencia del Reino Unido hasta 1922, tiene una importancia central en la novela. Bloom, de origen judío y convertido al protestantismo detesta la violencia y es poco afecto a las sensibilidades nacionalistas, lo cual le lleva a situaciones incómodas, algo lógico dentro de una dinámica de bloques en la que equidistancia es fácilmente confundida con cobardía.

La moral sexual en la Irlanda de la época es otro de los caballos de batalla del Ulises. La moral sexual de un país rabiosamente católico a comienzos del SXX es puesta en solfa desde el primer momento con el omnipresente adulterio (conocido y consentido) de Molly Bloom y su contrapunto epistolar por parte de Leopold. La afición de Bloom por las bragas, legítimas y de las otras y la desinhibición sexual de su esposa son dos de los pilares sobre los que Joyce asienta su descarnado juicio a la moral de su país. El concepto de matrimonio, la identidad sexual y el placer sexual son otros de los elementos que el autor desmenuza ante el incrédulo, (recordemos que se publicó en 1922), lector.

Las críticas a la monarquía británica, obviamente, tampoco son ajenas a la novela. Con la recién terminada guerra de los Boers en Sudáfrica, contra los colonos de origen holandés levantados en armas todavía caliente, el imperialismo británico se ve sometido a juicio en diversas ocasiones, con el jugoso añadido de la participación en la misma de algunos de los personajes, directos o referenciados, de la novela. Así pues, estas tres patas: nacionalismo, moral sexual y monarquía británica vertebran esta descomunal y rompedora novela. Omito las referencias a la Iglesia Católica, por considerarla fusionada al nacionalismo irlandés. 

Conclusiones finales

En mi opinión nos encontramos ante una nóvela única, capaz de contener en ella misma una cantidad de algo así como subnovelas, que si fuésemos capaces de desentrañar, estoy seguro nos llevaría otra dimensión. Tengo la impresión de que más allá de todo lo expuesto hasta aquí, el Ulises de James Joyce esconde algo más, una especie de código oculto necesitado de su propia Piedra Roseta que nos permita acceder a sus más arcanos secretos. No quiero terminar sin manifestar mi más profunda admiración por dos capítulos en concreto. Cualquiera de los dos justifican por sí mismos la existencia de la novela. El capítulo 15, en el que Joyce en forma de obra teatral crea el corazón de la novela y donde realidad y ficción se mezclan con la maestría habitual para plasmar así una auténtica obra de teatro, casi a modo de resumen, de lo ocurrido hasta entonces dentro del Ulises. El otro  capítulo merecedor de la mención honorífica es el 18, capítulo final  en forma de monólogo interior de Molly, en su cama poco antes mancillada por Boylan,  con Leopold ya dormido a sus pies. Rendido más bien, pero a punto de alcanzar sin saberlo una redención que probablemente tampoco sea consciente de  necesitar. Delicioso y muy oportuno punto y final.

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