Los asquerosos (Santiago Lorenzo)

Literatura y otros demonios

Los asquerosos

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Llega este libro a mis manos en forma de regalo. Regalo en dos sentidos; en el literal de obsequio y en el literario como novela innovadora, si no en cuanto a estructura, tratamiento del lenguaje o filigrana literaria alguna, sí como historia. Sí, algo tan simple y tan complejo como una historia. Cuando parece que en la literatura, al menos en lengua española, no hay margen para la originalidad y que ya todo está escrito con mayor o menor fortuna, uno recibe con gran satisfacción este regalo. De hecho casi lamento haberlo leído justo tras Aquí hay demasiada genteDos novelas diferentes pero de similar trasfondo filosófico.

¿Por qué Los asquerosos?

Calle de La Montera

A pesar de lo que pueda parecer el título no recoge bien, en mi opinión, ni la esencia de la novela ni  aspectos clave de la misma. Entiendo que para el autor sí lo hará. Unas breves referencias avanzada la novela no llegan, repito en mi opinión, a conectar el título con el contenido de  la obra. En definitiva, que yo no la hubiese titulado así dado mi gusto por las relaciones claras y directas entre el título y la esencia de la novela. 

En la imagen superior, una vista parcial de la calle de La Montera, icónica vía madrileña. Próxima a Gran Vía y a la Puerta del sol aúna abolengo, centralidad y marginalidad en proporciones adecuadas para hacer de ella el punto de partida de la novela. Intuyo que no es algo ni fortuito ni gratuito, sino más bien cargado de simbolismo. Pero dejemos eso para más adelante.

La edición

Como ya he dicho más arriba, esta reseña es fruto de un regalo que agradezco por partida doble. Como consecuencia, se trata de la decimoséptima edición de Los asquerosos (Santiago Lorenzo), publicada por la editorial Blackie Books en febrero de 2020. Una edición en tapa dura, en papel de alto gramaje (para lo que es habitual) y un tamaño de letra que, digamos, podía ser algo mayor. En definitiva una publicación correcta, que a tenor del merecido éxito de su autor, imagino que en un futuro no muy lejano se verá entre semejantes de mayor enjundia.

A lo que vamos

A pesar de comenzar con una acción que he de confesar me chirrió bastante cuando la leí, Los asquerosos engancha desde el principio. Obviando esa escena origen de todo y un par de detalles cuya importancia se diluye en una narración divertida, enseguida el lector se ve inmerso en una historia original pero no por ello descabellada. Ni mucho menos. De hecho yo llegué a imaginarme a mí mismo en la situación de Manuel, el protagonista. Un hecho desgraciado, podía haber sido ese u otro de similares consecuencias, llevan a Manuel a emprender un viaje existencial además de físico, de incierto final.

España vaciada. Los asquerosos.
Un lugar cualquiera. Lejos de todo y de todos

Manuel es un hombre joven cuya capacidad para las relaciones sociales digamos que no están muy desarrolladas. Lo intenta pero no le sale. Llevado por los avatares de su vida, termina como en la imagen de al lado, en un lugar cualquiera, lejos de todo y sobre todo de todos. Tratando de sobrevivir al principio, disfrutando de ello después y luchando por conservarlo más adelante, cuando el azar pone ante él todo aquello de lo viene huyendo.

Zarzahuriel

Zarzahuriel no existe. No existe con ese nombre, pero existe. Existe, salvando las diferencias, como existe Macondo desde que la imaginación de Gabriel García Márquez la pariera sobre Cien años de soledad o como existe el condado de Yoknapatawpha, donde William Faulkner ambienta algunas de sus principales novelas. En el caso de Santiago Lorenzo, quién sabe si Zarzahuriel no estará inspirada en la pedanía segoviana, según mis fuentes habitada por 23 personas, en la que reside. Zarzahuriel más allá de una localización geográfica, es un estado de ánimo, un modo de vivir y una forma de recorrer ese camino que llamamos vida. Solo allí Manuel puede se feliz. Libre de todo y de todos en el único lugar donde felicidad y libertad se convierten en sinónimos. Por eso, cuando lo pierde, lejos de rendirse sube la apuesta en un último y definitivo embite. 

Motivos para leer, para creer y para soñar

El simbólico origen de la narración. La calle de La Montera. Lugar al que llega de una manera más que precaria, escapando de una vida que no quiere y de una familia que no le quiere, para encontrar una realidad tan poco amable como de la que huye. Unas brasas a las que cae desde la sartén y de las que debe de salir huyendo tan rápido como sus chamuscados pies le permitan.

Inventando palabras. El autor salpica el texto de palabras inventadas para describir personas, situaciones, lugares e incluso estados de ánimo. Palabras puestas en boca del protagonista cuyo índice de acidez se va incrementando a medida que la situación se le va complicando en su querida Zarzahuriel.

Algo más que una novela. Me gusta pensar eso cuando leo algo que me lleva un poco más allá del hecho literario y me sumerge en un magma de proximidad con la historia y con el autor que pocas veces ocurre. Es algo parecido a esa canción que todos hemos escuchado y que parece que habla de nosotros. Una historia que por momentos siento que podría ser la mía. La de Manuel y la de Santiago Lorenzo. Una sensación tan extraña como placentera.

¿Qué libro he leído yo? Parece una pregunta retórica pero no lo es. Se puede decir de muchos libros, quién sabe si no de todos, pero lo cierto es que el lector tiene una gran capacidad para transformar un libro. Sobre todo una novela de este tipo, que puede significar desde un entretenimiento ameno mientras disfrutas de las aventuras y desventuras de un pobre desgraciado, hasta casi un tratado de filosofía. En mi caso es esto último, sin por ello desmerecer la primera alternativa, lo cual en mi opinión contribuye sobremanera a la elevación de la novela a una categoría superior. En mi opinión lo tiene todo y su autor mi más sentida admiración por ello.

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