Volverás a Región

Volverás a Región
Literatura y otros demonios
Mapa de Región
Juan Benet
Juan Benet
Volverás a Región
Edición reseñada

Volverás a Región

Juan Benet y su paradigma

Decía Ortega y Gasset que era él y su circunstancia y que si no podía salvarla a ella, no podía salvarse él. En el caso de Juan Benet es su paradigma, esto es, Región, y sucede que no se entiende al creador sin su creación ni a esta sin aquel, o incluso yendo un poco más allá en mi atrevimiento, tal vez no hubiese sido posible la existencia de Benet como literato sin Región y viceversa. Tal es la importancia nuclear en su obra de este lugar, de esta región ahora como sustantivo, que he decidido hacerla presidir la terna fotográfica que encabeza esta entrada. Hace su aparición por primera vez en el relato Baalbec, la mancha, dentro del libro de cuatro relatos titulado Nunca llegarás a nada, publicado en 1961 esto es, 6 años antes de Volverás a Región. A partir de ese momento será para siempre el centro gravitacional de casi toda su obra. El mapa recogido en la fotografía se editó acompañando a la primera edición de Herrumbrosas lanzas en el año 1983 e incluye sus correspondientes curvas de nivel haciendo gala de la profesión del autor; ingeniero de caminos canales y puertos, en la denominación de la época. El mismo grado de detalle y mimo se puede observar en su obra. Volverás a Región fue publicada en 1967 por la editorial Destino, hoy Ediciones Destino en su colección Áncora y Delfín. Para la realización de esta reseña he utilizado la reedición de 2004 cuya portada se muestra en la fotografía. Una edición a la que le habría venido bien un pequeño índice así como algunas notas aclaratorias a pie de página. Asimismo un espaciado más generoso evitaría al lector cierta sensación de apelmazamiento textual. Por lo demás, un tamaño de letra correcto y una encuadernación que resiste bien relecturas varias, subrayados y otros malos tratos propios de una lectura intensa hacen que, en mi opinión, esta edición merezca al menos el aprobado.

Espacio y tiempo

Y primero fue el espacio, materializado en Región. Luego vino el tiempo, esa dimensión que Benet maneja en esta obra con la misma precisión con que definió el espacio, tanto en su mapa como en las abundantes y detalladas descripciones que salpican la novela. Podría pensarse que en esta dupla inseparable el tiempo juega con desventaja, pues no podemos verlo, al menos en la misma forma en que acostumbramos a ver todo lo que nos rodea. Juan Benet se encarga de evitarlo con la delicadeza con la que un orfebre talla el metal precioso. Desde el principio mismo de la novela el autor comienza a jugar primero con el espacio en una detallada descripción del mismo que permite al lector encuadrarse con detalle en el donde, para a continuación introducir el tiempo que define ese cuando, denso como almíbar en unas ocasiones y tan inaprensible en otras que parece filtrarse entre las propias palabras sobre la que se asienta la historia. En el contexto literario de la época donde el costumbrismo y el realismo social, me atrevería a decir que extremo en ocasiones, (sirvan como ejemplo La colmena de Cela, El camino de Delibes o El Jarama de Sánchez Ferlosio) dominaban el panorama literario español sin oposición, la aparición de Volverás a Región supuso un soplo de aire fresco y la expectativa cierta de otra literatura, que sin obviar en absoluto el contexto en el que surge ni su marco referencial, ofrecía al lector un escenario literario que desbordaba por mucho al existente hasta entonces. A través de los parajes de Región y de tres espacios temporales a su vez cuarteados por los recuerdos de sus protagonistas, de su historia, de sus historias y de la más triste historia de España, el autor comienza a atrapar al lector en un invisible magma de sensaciones, ideas y emociones del que no deseará salir (así ha sido en mi caso) más que para coger un poco de aire que le permita volver a sumergirse en él. A medida que vas profundizando  en el universo de Benet y de Región,  no puedes evitar pensar que en la literatura española de la segunda mitad del siglo XX autores como Faulkner y Joyce, revolucionarios de la literatura en lengua inglesa, tenían su «alter ego» en un ingeniero madrileño, que si bien nada tenía que envidiar a su talento, jamás lograría acercarse a su prestigio y reconocimiento.

Tras las líneas enemigas

En mi opinión, Volverás a Región es una novela en continua lucha. Lucha contra sí misma desde la propia concepción  de su estructura, compleja y alambicada en ocasiones, pero sin cuyas características tal vez no hubiese llegado a alcanzar la madurez. Lo hace con la misma pasión con la que los personajes luchan no tanto entre ellos  como contra ellos mismos. Mientras, la guerra civil española en segundo plano pero siempre presente, nos ofrece pinceladas mesuradas aunque precisas de cómo luchamos los unos contra los otros sin importar nunca el motivo. Cierto es que los dos pilares narrativos en los que se asienta Volverás a Región son el doctor Sebastián y María Gamallo (Marré) a través de sus monólogos que no diálogos mediante los cuales van entretejiendo la historia. No es menos cierto que son precisamente esos hilos con los que se va tejiendo la historia los que le dan sentido y unidad a la misma. Ambos personajes principales se caracterizan por su traumática relación con el pasado. Un pasado que de manera absoluta y cruel determina su presente y en el caso del doctor, dada su edad, probablemente su futuro. ¿Pretendía el autor reflejar la realidad de un país víctima de una guerra fratricida que determinó el presente y el futuro de varias generaciones? Sinceramente no lo sé y no conozco a nadie que lo sepa. En cualquier caso ambos personajes viven en lo que podríamos llamar un presente forzoso. A través de los personajes secundarios, esos hilos de los que hablo más arriba y de las historias que componen las subtramas, unas de mayor calado que otras, logra el autor armar el edificio narrativo definitivo dotado de una solidez que en mi opinión solo se resiente si se analizan con cuidado todos los datos referentes a la principal relación amorosa de Marré. Dejaré que el lector llegue a sus propias conclusiones porque si no corro el riesgo de escribir más de la cuenta. La esposa del doctor, virgen después de 20 años de matrimonio, una madre abusona y cruel y un padre subyugado por ella, María Moliner presente en diferentes maneras y estados, el militar Gamallo, una esotérica barquera, un misterioso jugador hortera y hasta un viejo y trasnochado matrimonio revolucionario, consiguen apretar las costuras de un traje a medida de creatividad y rigor estilístico.

«Ya no será nunca más un individuo, un hombre dueño de sus actos tanto como de un instante, un reducto de libertad. No solo le exigirán la entrega total, la primacía de los deberes para con ellos, sino que considerarán ultrajante, vejatorio y punible aquel gesto —el más fútil e inocente— mediante el cual pretende reservarse un pedazo de su vida para sí mismo»

(Dr. Sebastián)

«Apenas me enteré de aquella guerra sino cuando ya estaba terminando. Algo tarde, en algo más de una semana sufrí todas las consecuencias: un padre muerto, un amante desaparecido, una educación hecha trizas, un conocimiento del amor que me incapacitaba para cualquier futuro; ante mí, y en el sino de una sociedad dispuesta a acogerme como a una mártir y una prenda codiciable, no se abría otra posibilidad que la del engaño, incapaz de confesar mi apego al enemigo y de renunciar (ya no digo renegar) a él». 

(María Gamallo)

Alma, corazón y vida

Encabezo este epígrafe con el título de una canción de Los Panchos con toda intención. Volverás a Región alberga en su interior las tres cosas. Sería fatuo por mi parte pretender afirmar de manera indubitada de qué va esta novela. Puedo decir que va de la guerra civil española y no me equivocaría. Puedo afirmar que va de historias de amor no correspondidas y también estaría en lo cierto. De renuncias, huidas, afrentas, olvidos y venganzas también. ¿Qué es entonces Volverás a Región? Es todo ello, pero principalmente es una obra viva, una novela que parece moverse entre las manos cuando la lees. Una estructura casi psicodélica, un estilo narrativo simbólico al momento siguiente de haber estado tan pegado a la realidad del terruño que el olor del pegajoso légamo parecía inundar la habitación y los infinitos recursos estilísticos del autor, hacen de la lectura de Volverás a Región toda una experiencia, en mi caso tan estimulante como agradable. Exprimir  el jugo que ofrece la novela, estoy seguro de no haberlo extraído todo, produce en el lector una sensación de felicidad difícil de definir. Tengo la firme convicción de que una novela es una especie de ser vivo inanimado. Algo que se convierte en una cosa diferente cada vez que pasa por los ojos y la mente de un lector, aunque este sea el mismo una y otra vez. En eso radica la grandeza, en mi opinión, de este género narrativo y Volverás a Región es un ejemplo palmario de ello. Para la redacción de la presente reseña he leído la novela dos veces y estoy convencido de que una tercera me ofrecería una nueva perspectiva sobre la que seguro no he reparado hasta ahora. Creo que de momento así está bien, así que la dejaré reposar unos meses, pero estoy seguro de que volveré a Región. Dicho lo cual también quiero advertir al futuro lector de que no es una lectura fácil, al menos si no se está habituado a este tipo de literatura que demanda del lector una amplia implicación. La complejidad del lenguaje en ocasiones, las frecuentes digresiones, así como analepsis y prolepsis pueden trabar la lectura del lector menos habituado a ello. No obstante el pequeño esfuerzo que puede demandar la presencia de estas figuras que dotan al texto de  características metaliterarias, se ve ampliamente recompensado por el placer de contemplar la belleza que alcanza el texto en su conjunto.

Próximamente

Luz de agosto

Ya está en mis manos, esta vez sin tocar todavía a la espera de unas merecidas vacaciones en agosto. ¿Qué mejor momento para sumergirse en la lectura de esta novela? La verdad es que no pensaba reseñarla inmediatamente después de Volverás a Región. Pensaba en algo más ligero, más veraniego. Pero lo cierto es que hace mucho tiempo que le debo una reseña al gran cronista sureño y he decidido pagar la deuda ahora. Tras dudar entre Luz de agosto y algunas otras que ya he leído y más icónicas como Mientras Agonizo y El ruido y la furia, me he decidido por esta porque parece separarse, al menos parcialmente, del Faulkner más prototípico. Ya veremos, lo mismo me llevo una sorpresa, porque más allá del titulo y una pequeña sinopsis sobre la que no he querido profundizar, no sé nada de ella antes de comenzar su lectura. Dicho todo lo anterior, nos vemos en agosto bajo el sol abrasador del universo de William Faulkner.

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