Los Escorpiones

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Literatura y otros demonios
Los escorpiones

Los Escorpiones

Los Escorpiones. Sara Barquinero (Zaragoza 1994). Editada por Lumen el 22 de febrero de 2024, llega a mis manos de la manera más convencional posible. Reseñas de prensa, nacional en este caso. Cuando decido sumergirme en aguas literarias desconocidas, como es el caso, suelo beber de otras fuentes antes de hacerlo. Revistas especializadas en literatura, que no en libros, otros lectores o los escasos libreros que todavía pueden denominarse así, y continúan regentando librerías. Si le añadimos que la  novela supera las ochocientas páginas, la decisión tiene algo (mucho) de acto de fe. A veces se trata de eso, de tener fe, o simplemente fiarse del instinto y no pensárselo dos veces a la hora de invertir tiempo y dinero en una aventura literaria. Una aventura que, en este caso, ha merecido la pena correr.

En primer lugar quiero destacar de Los Escorpiones, su estructura. La división de la novela en diferentes escenarios y épocas, alguna separada en el tiempo de las otras por cien años, hace que, tanto su extensión como su, en ocasiones enrevesada trama, fluyan con la suavidad necesaria para su disfrute sin la sensación de saturación que otras novelas contemporáneas llegan a producir por su discurrir lineal. La alternancia de localizaciones como Madrid, Barcelona, Bilbao o Nueva York, la dotan de una frescura que se agradece.

El ritmo de Los Escorpiones, ni vertiginoso ni lento se integra, por su parte, a la perfección con la estructura y un lenguaje sencillo sin ser vulgar, actual y con la introducción de palabras del universo cibernético cuyo significado he necesitado buscar en varias ocasiones. Estructura adecuada para la historia que pretende contar la autora y ritmo correcto. Ahora solo falta encontrar una buena historia que contar. La historia a contar debe de ser, en mi opinión, la excusa para el despliegue de todos los recursos literarios de la autora. Los bonitos adornos tras los que desplegar, como hace Sara Barquinero, la artillería pesada de su literatura. Me recuerda a esas películas donde los asesinos tiene sonrisa de niño o, mejor aún, son niños. Ellos infunden terror con la misma intensidad con que la autora maneja a los dos protagonistas (a pesar de ser una novela bastante coral), consiguiendo transmitir todo lo que enseñan, con la misma claridad que lo que ocultan. La historia está bien contada, pero, en mi opinión, no está a la altura de todo lo demás.

Maneja Sara Barquinero en Los Escorpiones materiales tan delicados del alma humana como son el suicidio, en todas sus perspectivas, la soledad, la memoria y las mochilas del pasado que lastran los movimientos de los protagonistas en el presente. Heridas sin cicatrizar que no les permiten avanzar mientras otras nuevas, en ocasiones autoinfligidas, comprometen su futuro más inmediato. La autora lo hace con verdadera maestría, hasta el punto de que en algunos pasajes de la novela te entran ganas de gritarles para que hagan algo que no están haciendo o para que dejen hacer o que están haciendo. En todo momento los personajes de la novela, no solo los principales protagonistas, destilan dolor, soledad, desesperanza, angustia existencial y desdén por la vida en general. El compulsivo consumo de drogas, casi siempre presente, los acompaña hasta la última página de la novela.

Dicho todo lo anterior, parece claro el simbolismo del que la autora se sirve en Los Escorpiones para radiografiar a toda una generación (no conviene olvidar que la protagonista se llama como la autora). Obviamente no voy a caer en el error de considerar la novela como un juicio sumario a la generación Z, pero tampoco se me escapa la descripción de algunos de los principales problemas que les han acechado y que todavía les acechan de manera transversal como generación. En ello reside, en mi opinión, el principal valor de la novela. Hacer de la misma un tratado de psicología que, si bien lo más probable es que no tenga valor terapéutico alguno, sirva para ponerse ante el espejo sin complejos y sin miedos. Tengo la sensación (no conozco de nada a la autora) de que al menos para ella, Los Escorpiones es una terapia, un exorcismo, una ventana por la que gritar al mundo cosas que no se puden decir en voz baja.

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